martes, 26 de mayo de 2015

Yo quería escribirte...

Hoy me he dado el lujo de levantarme tarde, porque aunque el destino es caprichoso más lo soy yo. Hoy no quería pensar, pero es bien sabido por todos que cuanto más se huye de algo más te persigue.

Veréis, han pasado tan sólo unos meses desde que recuperé la fe en el ser humano. Después de sentirme golpeada, quién sabe si después de tocar fondo, ha vuelto la increíble sensación de estar ilusionada. No os imagináis lo bonito que vuelve a ser todo, el sentir un escalofrío recorriendo tu cuerpo o esas ganas de querer hacer mil cosas y otras mil más.

Nadie había sido capaz de darme tanto en tan poco y yo no puedo hacer otra cosa que arriesgarme y hacerle un hueco en este jodido desastre que es mi vida. De verdad que no quiero pensar nada, ni sentir nada que se parezca al miedo.

Tampoco pido que lo entendáis. Sé que esta vez es diferente. Lo sé por lo mucho que me cuesta despedirme. Lo sé por lo difícil que resulta quitar la sonrisa. Lo sé porque quiero darle besos en todos los rincones de Madrid y parte del mundo.

Así que...tú, sí, tú. Si estás ahí, te doy las gracias por dejarme ser yo y no buscar cambiarme. Te doy las gracias por aguantarme como nadie y por hacerme feliz todos los días, parece mentira que existan unas manos que te sostengan y te hagan sentir única.

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