sábado, 2 de agosto de 2014

No me molestéis, que estoy reconstruyéndome.

Tenía miedo de vivir en mi propia piel la puta frase de 'mismo perro con distinto collar'. Digo tenía, porque supongo que el miedo pasa tras los primeros golpes.

Creedme, sé lo que me hago. Es por eso que ya no miro a los ojos. Después de tanto, tengo la desconfianza tatuada en ellos. 

Hace unos días huí para conocer otros mares. Para bailar con desconocidos y reír hasta necesitar una tregua. Antes era el mar quien recordaba que las olas de pensamientos y sentimientos te alcanzan y terminan calando. Pero esta vez fue diferente, sólo me alcanzó la sal. 

No desespero. Ahora más que nunca sé que llegará el momento y llegará alguien con quien no haga falta apartar la mirada. Al fin y al cabo no creo que necesite más que alguien que sepa mirarme. Bueno...eso y necesitar mil treguas más.

El martes volveré a ver el mar y entonces, todo en calma.

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