sábado, 26 de octubre de 2013

Cánsate conmigo.

Llegó el momento de parar las dudas, de olvidar los miedos, de que todo lo que duele vuele, de recomponernos de los golpes, de evitar que nos sigamos apagando, de acabar con la peor pobreza que es ésta de no tenernos.

Quizás ahora más que nunca, que voy con el corazón a voces, sea el momento idóneo para plantearnos el perder el culo por un abrazo sincero, un beso sincero, una persona sincera. De verdad que podemos quejarnos (como humanos que somos) por cualquier cosa, pero volver con más ganas de amor, de hacerlo, de darlo, de recibirlo.

El problema es que hemos encontrado la manera de curarnos, no sin antes hacernos daño. Y ya no quiero más eso, no quiero seguir dándonos abrazos tan fuertes que parecen preceder las despedidas. Prefiero tu mirada perdida, perdida de madrugada como nosotros en las calles de esta ciudad, perdida en mí.

Deberíamos soñarnos todas las noches. Pues sabes que no podía dormir sin que durmieras. Igual que sabes el destino y sabes los motivos.

A ti, mi amor, te doy la libertad de descolocar, de doler y de volver siempre. No hay nada como la felicidad cuando se puede tocar.

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