miércoles, 26 de diciembre de 2012

'Tú no esperes, este es el tiempo de vivir, el único.'



Me siento a la mesa ilusionada por buscarte entre platos y flores, pero ya te has ido. 
Relativamente ya. Porque en realidad ya van dos años. Y quién dice dos años, piensa en toda una vida sin ti.
De fondo música navideña sonando con delicadeza. Mientras se inunda mi cabeza de tópicos renacentistas como 'tempus fugit' o 'carpe diem' maldigo cada día que los momentos no sean eternos. Ni que las sonrisas, los abrazos y las palabras tampoco lo sean.
Todo es tan efímero que da miedo. Incluso tú lo fuiste. Es por eso que estos días me consumo entre lágrimas y culpa como las pasadas navidades y las anteriores.
Y cuando las flores de la mesa se marchitan, las velas se apagan y los platos y copas se vacían, sólo me queda bailar hasta quedarme sin pies y soñar hasta encontrar algo que me lleve, que me haga volver a creer.

Empiezo a pensar que hay días en los que morimos por dentro, aunque no queramos.


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